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  • Marcos Becerra Villa

Miedo, factor de gobernabilidad en poderes establecidos y poderes fácticos Zona oriente de la Ciudad


La zona metropolitana de la Ciudad de México es un vasto territorio dentro del cual surgen diversas problemáticas en el ámbito sociopolítico; para fines de este artículo abordaremos una región especifica de dicho territorio y un tema predominantemente presente en las últimas décadas: miedo generado por la violencia ejercida legítima o ilegítimamente y su impacto en la gobernabilidad.

La Ciudad de México se reconoció formalmente como un Estado más de la república mexicana en 2016 y, en 2017, obtuvo su constitución; forma parte de la zona conurbada más grande del país, con municipios del Estado de México, alcaldías de la ciudad de México y se consideran adicionalmente municipios del estado de Hidalgo.

En la zona oriente de este conglomerado se encuentran los municipios de Nezahualcóyotl, Los reyes La Paz, Ixtapaluca, Valle de Chalco, Chalco, Chimalhuacán, Chicoloapan, Cocotitlán, Temamatla, Atenco, Texcoco, Acolman y Tenango del Aire. Del lado de la ciudad de México las alcaldías de Venustiano Carranza, Iztacalco, Iztapalapa, Tláhuac, y Milpa Alta.

Se comparten características históricas similares, ejemplo de ello son los asentamientos que datan de la época prehispánica y gran parte de dicho territorio forma parte de una cuenca lacustre desecada; otra parte integra una cadena montañosa, sobrepoblada a partir de la década de 1970, con vialidades y trazos urbanos irregulares con problemas de inseguridad en general.

La forma de gobierno de los municipios se basa en el cabildo que a su vez se conforma por un presidente municipal, síndicos y regidores, así como unidades administrativas. En cambio, las alcaldías de la ciudad son encabezadas por una figura de alcalde y unidades administrativas.

En dicha zona en las últimas décadas se ha gestado un clima de inseguridad y percepción de violencia generalizada con el aumento en los índices de delitos del fuero común (asaltos en vía pública, casa habitación, en transporte público, homicidios, violaciones y lesiones dolosas). Ciertamente es un fenómeno que ocurre en toda la zona metropolitana, sin embargo, en el presente artículo nos limitaremos a la región oriente y en hechos acaecidos en los últimos 15 años.

Dirimiremos en este artículo sobre Estado, Individuo, Gobernabilidad, Poderes Fácticos y la Relación Violencia-Miedo.

Un poder fáctico es aquel poder establecido sin necesitar legitimarse o legalizarse con suficiente influencia o capacidad de coerción sobre el gobierno y la sociedad; existen diversos poderes fácticos, algunos aceptados con fines legítimos y los no aceptados con fines francamente ilícitos; nos centraremos en el segundo grupo referido. Podemos decir que son grupos de poder paralelos a los poderes formalmente establecidos. En términos teóricos definimos con el autor José Cavero a los poderes fácticos como:

Aquellos grupos de presión con fuerza o potencia bastante como para alterar el curso normal de los acontecimientos, contrariando incluso decisiones de las instancias o instituciones debidamente acreditadas o con solidez democrática.[1]

 

[1] Israel Lay Arellano, “Medios electrónicos de comunicación, poderes fácticos y su impacto en la democracia en México”, México, enero-abril 2013 Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, núm. 217. P. 255

Independientemente de adentrarnos en cuestiones de democracia, los grupos que ejercen un poder de facto están en oposición a poderes legalmente establecidos:

[…] Por lo general, a los poderes fácticos se les ubica fuera de las instituciones. Pero hay quienes los identifican, además, entre actores de la vida institucional que rompen con cauces o normas formales.[2]

 

[2] Trejo Delarbre, Raúl “Poderes fácticos, problemas drásticos”. México, enero-abril 2013, Revista mexicana de ciencias políticas y sociales vol.58 no. 217

Por tanto, podemos rescatar: los grupos que componen a los poderes fácticos tienen influencia suficiente para desestabilizar tanto en la esfera gubernamental como en la ciudadanía en general; por sus propios propósitos, su accionar generalmente es ilegal.

Específicamente para fines del presente artículo al referirnos a poder o poderes fácticos estaremos haciendo referencia a grupos de delincuencia organizada dedicados a la extorsión, secuestro, narcomenudeo, trata de blancas. Aclaremos que no nos centraremos en la delincuencia organizada ni ahondaremos en dicho tema o las actividades que desempeña, solo es parte inherente al abordar la relación violencia-miedo y su impacto en la gobernabilidad legal o de facto en un territorio determinado.

Los gobiernos locales y regionales ejercen funciones administrativas y de poder político[3]; para el ejercicio de este último rubro convergen elementos intangibles y abstractos entre ellos la violencia legítima. Al respecto el escritor Vallés escribe retomando a Max Weber:

Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio…, reclama, con éxito, para sí el monopolio de la violencia física legítima. [4]

 

[3] Hablar de poder político va ligado a la idea de Estado concebida por Max Weber referido líneas más adelante.

[4] Vallés, Joseph. M. Ciencia Política. Una Introducción. Barcelona, España. ED. Ariel, S.A. 3ª edición, 2003, pág. 85.

Parte de este artículo se centra en el desarrollo del uso de dicha violencia legítima en un escenario real.

Gobernabilidad es un elemento ligado al buen actuar del Estado, presumiblemente las acciones de gobierno deben reflejar que funcionan y mantienen el orden por medio del ejercicio del poder público.

La gobernabilidad es un concepto que aparece ligado a la democracia y al concepto de legitimidad. Las formas participativas que asuma esta gobernabilidad ayudan a materializar la posibilidad de un gobierno para emprender las medidas que considera necesarias con el fin de lograr la realización del bienestar de su sociedad.

La gobernabilidad se puede entender como ‘la cualidad propia de una comunidad política según la cual sus instituciones de gobierno actúan eficazmente dentro de su espacio de un modo considerado legítimo por la ciudadanía, permitiendo así el libre ejercicio de la voluntad política del poder ejecutivo mediante la obediencia cívica del pueblo´.[5]

 

[5] Arbos y Giner Cit Pos Cancelado Henry, Gobernabilidad y Ciudadanía. Virajes. Estado y Gobernabilidad. Colombia, diciembre 2012, Revista del Departamento de Antropología y Sociología. No. 1, Volumen 3. Universidad de Caldas. P7.

Cuando se percibe una crisis política por la confrontación de élites políticas y o exceso de demandas sociales ante autoridades que se perciben como incapaces, por mencionar algunos ejemplos, se puede evidenciar que hay ingobernabilidad.

Tomassini, por ejemplo, señala lo siguiente:

La gobernabilidad se refiere no sólo al ejercicio del gobierno, sino además a todas las condiciones necesarias para que esta función pueda desempeñarse con eficacia, legitimidad y respaldo social.[6]

 

[6] Tomassini en Mendoza Cruz, Luis. Gobernabilidad y democracia: el factor institucional. Tesis de doctorado, Universidad Iberoamericana, México, 2008, p. 19.