• Eder Elber Fabián Pérez

Retrato hablado del tigre: De Cada cosa es babel a Rosas y otros tigres.


Probablemente la poesía de Eduardo Lizalde continúe influyendo a las generaciones venideras, las razones no son pocas: la inteligencia de la palabra, las eruditas referencias, la precisión del verso, la musicalidad fina y elegante, la eminente inteligencia del lenguaje, etc.


Por estos motivos y más, la obra poética de Lizalde ha sido consumida por los lectores de una manera avasallante; fenómeno pocas veces visto en lo que toca a la poesía mexicana. Es por ello que las editoriales continúan ofreciéndonos una prueba o, dicho de otra forma, un recorrido por la trayectoria poética del que, en opinión de Marco Antonio Campos, fuera


“El más brillante, por no decir el real y único, heredero de la poesía maldita, sobre todo del linaje francés: de Rutebeuf y Villón, de Baudelaire y Rimbaud, de Lautréamont y Artaud”.


No son pocas las ediciones que afrontan esta aventura; sin embargo, son escasas las que alcanzan a cumplir el objetivo: satisfacer a los lectores. Me parece que A la caza del tigre logra esto.



Con una edición y un ensayo de introducción a cargo de Marco Antonio Campos, los lectores nos lanzamos a la búsqueda de aquellos versos que nos muevan a la reflexión, que nos conmuevan, que nos desgarren y nos mutilen, que nos deleiten la mirada y el oído.


Es por eso que, A la caza del tigre, ha recogido los poemas pertenecientes a siete poemarios: Cada cosa es Babel, El tigre en la casa, La zorra enferma, Caza mayor,

Tabernarios y eróticos, Rosas y Otros tigres.


Esta extraordinaria antología, nos acerca a la agresividad del lenguaje de Lizalde; por ejemplo en el poema “Monelle”:


“Pero escuchen esto,/ autores,/ bardos suicidas/ del diecinueve atroz,/ del veinte y de sus asesinos:/ sólo sabe soñar/ al tiempo mismo/ de corromperse”.

De igual forma, los lectores podremos reencontrarnos con el Lizalde filosófico


“Dime tu nombre, cosa, /tu desnudo tejido/ por el nombre y sus cáñamos seguros.”


Con el poeta que recuerda al amor como una blanda furia. Al bardo que le canta

al odio


“Grande y dorado, amigos, es el odio/ Todo lo grande y lo dorado/ viene del odio.”

Al romántico que le canta a la rosa


“Rosa, ya eres eterna:/ te trituran y te vuelves perfume, /te levantan los vientos, / y crees que te dispersas por el mundo…”

Pero, sobre todo encontramos a la fiera, al tigre que percibe que


“Algo sangra...”

A ese tigre guardián, fiero, indomable; pero a su vez, solitario, despreciable,


“signo inequívoco de la desgracia amorosa”

según la opinión de Mijail Lamas.


No cabe duda que esta selección logra que recordemos con cariño y estima al poeta, hace un par de meses fallecido. Un poeta que buscó una vía alterna a lo que se hacía por aquellos años y que en palabras de Evodio Escalante fue “¡Admirable!” suponiendo un verdadero cambio para la poesía mexicana.


Sea pues esta una gran oportunidad, para homenajear a un poeta de grandes dimensiones líricas como lo fue Eduardo Lizalde, leyendo su obra poética y disfrutando de ella.


Eduardo Lizalde. A la caza del tigre. Antología personal. Madrid: Visor de poesía. 2007.

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