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  • Eder Elber Fabián Pérez

Recuperar el tiempo: El poeta frente a la muerte de su musa.

Un año y tres meses. Luis García Montero. Barcelona: Tusquets editorial. 2022.


No cabe duda que la historia literaria está colmada de tragedias. Una de las peores desdichas que puede vivir un escritor o una escritora, es la muerte de un compañero o compañera que formó parte esencial de su vida. Ejemplos hay muchos; tan sólo habría que recordar el sufrimiento de Novalis ante la muerte de su esposa y musa Sophie Von Kuhn. Ni que decir de Dante, quien dedicó toda su obra a Beatriz su amor imposible fallecida a temprana edad. En lengua española tenemos que recordar al poeta Antonio Machado, quien no olvidó a su amada Leonor en la creación de sus poemas y a quien le dedicaría, años antes de que muriera,  un ejemplar de Campos de Castilla con la dedicatoria:


“A mi Leonorina del alma, Antonio”.


 En México, el ejemplo tantas veces citado (y no es para menos) ha sido el del poeta jerezano Ramón López Velarde. La fuerte impresión que le había dejado Josefa de los Ríos, conocida mejor como “Fuensanta”, sería el principio detonante a la hora de crear sus primeros poemas. Cuando su musa fallece, Velarde la recordaría en gran parte de su obra La Sangre Devota. Trazada esta breve historia de desdichas amorosas, tenemos que agregar a esta desafortunada lista el dolor del poeta Luis García Montero ante la pérdida de su amada Almudena Grandes.


Atribución: Diario de Madrid, CC BY 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/4.0>, via Wikimedia Commons


            Es cierto que durante la creación de su obra (y esto lo ha repetido en cuantiosas ocasiones el poeta granadino) su musa Almudena, lo habría de guiar por esa senda oscura y siempre compleja que es la creación poética; no obstante, en la confección de su más reciente obra poética Un año y tres meses, Montero nos deja saber su sentir ante los momentos más complejos que vivió antes y después de la pérdida de su mujer. Por medio de una sensibilidad única, García Montero hace que el dolor íntimo pase a convertirse en una reflexión ante las condiciones humanas como lo son el dolor, la nostalgia, la empatía, etc.



            En Un año y tres meses, Luis García Montero nos lleva de la mano por distintos momentos que terminan reflejando, de alguna forma u otra, el amor y cariño que tenía el poeta por su amada. Con versos como:


“El amor es también una luz negociada. /Me das tus sueños al vivir los míos. /Te doy mis sueños al guardar los tuyos. /Historias que se enlazan como cuerpos.”



Montero logra captar nuestra atención a través de elementos sencillos como la luz y los sueños; pero no dejemos que esa sencillez nos engañe, en medio de todo esto se encuentra una sensibilidad única que logra conmovernos y que provoca recuerdos llenos de amor y de ternura.


            A lo largo del poemario encontraremos esa voz intima y profunda, la cual insiste en la precisión del discurso, ejemplo de ello es “Historia de un desorden” donde, paradójicamente, el orden de las cosas evoca un hálito de desesperación humana:


“Que todo esté en su sitio/ es el mayor desorden que pueda imaginarse.” O como en “Asuntos familiares” que, por medio de versos llenos de emotividad, hacen que los lectores reflexionemos sobre cómo es el amor: “Una historia de amor es un viajero/ que se sienta en la mesa para hablar de la vida.”

            Estas meditaciones poéticas (que de algún modo en su interior contienen un tono coloquial) bien podríamos decir que se trata de una nueva poesía realista, la cual termina develarnos los momentos más críticos que tuvieron que pasar los amantes, prueba de lo anterior es el poema “La Resistencia”:


“No has querido quedarte ingresada esta noche,/ así que regresamos al cuartel/ y el taxista no pone buena cara/ cuando nos acercamos en la silla de ruedas/ hasta su posición.”

Por medio de estos versos, Montero no sólo desea evocar los momentos más complejos frente a la enfermedad de su amada; también quiere dejarnos en claro; por medio de actos tan sencillos como tomar un taxi a fuera de un hospital, la poca empatía que pueden tener las personas unas con otras.


            Es verdad que el poeta ha tenido que enfrentar instantes duros a lo largo de toda su vida; pero, sin lugar a dudas, los momentos que pasó a lado de su amada enfrentado la enfermedad que la iba consumiendo fueron los más desgarradores que puedo haber vivido.


Personalmente creo que Un año y tres meses no sólo es un poemario más dentro de la vasta obra del poeta granadino, es un documento de amor y de cariño que ha dejado un escritor ante la muerte de su compañera de vida. Un testimonio del aprecio que se tenían ambos escritores, quedando como prueba de esto los siguientes versos:


“Comprendí el argumento de esta historia/ en la noche estrellada,/ una historia de amor,/ este año y tres meses,/ estos días finales que ya son,/ahora, recordados,/ los más felices de mi vida.”

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