• Marco Antonio Hernández Aguilar

A la orilla


Le tengo miedo al mar. Le tengo miedo porque es el origen y el fin. Ha sido punto de encuentro y desencuentro. La humanidad pisando su arena, sus playas. Extrayendo su petróleo. El bien y el mal sintetizados en una ola. Ida y vuelta. Caos y Cosmos.

Es una tarde de invierno; el clima es opuesto aquí en la costa. El frío cotidiano de la ciudad queda en el olvido para dar paso al cálido, húmedo y salado aire que va entrando por mi nariz. La fiesta, la vida. Venimos a olvidar, a dejar toda la presión del mundo donde vivimos, venimos al mar; el origen de todo, el comienzo de la nada.

Naufragué en mi intento por encontrar la ruta única de la vida, esa que todos dicen estar navegando. Mis padres, mis abuelos, mis amigos. Todos concuerdan, no hay de otra.

Son peces en el agua.

Nacer, crecer, estudiar (volverse engreído), trabajar (mirar a los demás como güevones), enfermar, morir. ¿Vivir? Se vive solo por instantes, para eso son las vacaciones. El resto del tiempo se debe trabajar. Ocho horas mínimo.

Recuerdo a Jesús (otro que no es el nazareno) llegar todos los días a su casa y quejarse del sinsentido de la vida.

—Uno le chinga —decía—, pero al final de cuentas no nos llevamos nada a la tumba. Le dio un trago a su cerveza. Encendió el porro de mariguana que traía en su bolsillo y fumó. —La neta está cabrón el estrés. Como te decía, hay que chingarle macizo, mi buen —tosió.

Encausamos la vida y su sentido en el estrés. Nos preocupa que nada nos preocupe. Nos ocupa que nuestra utilidad esté en riesgo al dignarnos a ser uno más.

Y en eso estoy, en mis vacaciones. Dedicándome tiempo a mí (vaya ironía). Respiro profundo. Cierro los ojos. Cogito ergo sum.

—Voluntad. Voluntad de clase. ¿Qué clase de voluntad?

Knowledge itself is power. ¿Bacon tenía razón? El orden de los factores no altera el producto. En algún lugar de la Mancha. Cristo cayó tres veces; quizá su padre estaba de vacaciones, dedicándose tiempo a él mismo.

¿Dios toma cerveza y fuma un porro cuando el estrés causado por su creación lo rebasa?

Dios ha muerto, dice el memorándum enviado desde Roma a todas las iglesias del mundo. Bendito sea el dinero.

Le tengo miedo al mar. A su Leviatán. Su inmensidad y profundidad parecen ser sinónimo del universo. La frontera entre la naturaleza y el hombre es el mar.

Origen y final.


Dirección:

Elisa Guadalupe Cuevas Landero

 

Subdirección:

Alexa Moreno Buendía

 

Edición:

Arturo Oscar Suro Cruz 

Colaboran en esta obra, miembros de la comunidad universitaria de la FES Acatlán y de algunas otras facultades de la UNAM; así como miembros de otras instituciones públicas nacionales y extranjeras. Los escritos son propiedad intelectual y responsabilidad de quienes los escriben y los firman.

Editorial de la revista impresa: 

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A cargo de

Horacio Gabriel Saavedra Castillo