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  • Dra. Elisa G. Cuevas Landero

Poinsett y la Flor de Nochebuena: símbolos de la potencia estadounidense

Lo primero que viene a mis emociones cuando escucho, hablo, pienso o leo sobre Joel R. Poinsett, es enfado; porque uno de los regalos más hermosos que la naturaleza nos dio está relacionado con este personaje de la historia de los Estados Unidos y, para infortunio nuestro, de México.


No hablo de más de la mitad del territorio ni de las inmensas riquezas arrebatadas por su gobierno que a cualquier mexicano causa enojo, sino a algo muy simbólico y hermoso: la flor más colorida de la época invernal y navideña, la Flor de Nochebuena, que tiene diferentes colores, pero destacadamente el rojo.



Esta hermosa flor cuyo nombre científico es poinsettia, se debe al controvertido agente doble y botánico estadounidense del siglo XIX que “descubrió” dicha flor y la registró con su apellido. Algo tan simbólico como esa hermosa planta con el nombre de un antagónico y aciago personaje de la historia de México del siglo XIX[1].


[1] El nombre náhuatl de la Flor de Nochebuena es Cuitlaxochitl; en latín recibe el nombre de Euphorbia Pulcherrima; y también se llama Poinsettia desde que, en el siglo XIX, Joel Roberts Poinsett, “descubrió” esta flor en suelo mexicano. En 1812 en Chile se dio a conocer que recibieron a dicho personaje con entusiasmo lugar “donde lo recuerdan por haber sido cónsul en México y haber introducido la "flor de la víspera de Navidad".” La aurora de Chile del 2 de marzo de 1812. En http://www.auroradechile.cl/newtenberg/681/article-2636.html [Recuperado: 11 de agosto de 2023]. Para más información sobre Poinsett en Buenos Aires y Chile ver el libro: Revista de historia americana y argentina. Mendoza: Universidad Nacional de Cuyo, 1962-1963, en:  https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/8752/01-gallego-rhaya-n78.pdf



Joel R. Poinsett


Además de su nombre, este agente secreto dejó otras herencias en México y Latinoamérica. Las revueltas e intrigas en Argentina, el inicio de la revolución de independencia en Chile, la fundación de una logia en México (con la finalidad de promover desde su organización la división política interna del país). Y se sabe –aunque es poco conocido el hecho- que en 1812 se encontraba ya en México –y no hasta 1822 como lo registran los anales oficiales de la historia.


Su cometido era revolucionar al país para que formara parte, si no de los Estados Unidos, sí de la égida política estadounidense del federalismo como forma de gobierno; cosa que consiguieron; y, lo otro también, quedarse con gran parte de nuestras tierras del norte, aunque sin anexar el resto que no les interesaba.



Fotografía de Arturo Ayala, en Tlanalapa, Hidalgo, México.


Aunque tal aserción parezca exagerada o desproporcionada, no es así ya que un documento que encontramos hace tiempo en la Hemeroteca Nacional, en un periódico decimonono llamado Correo de la Federación Mexicana del domingo 13 de enero de 1828, así lo testimonia. En el tomo IV, número 438, p. 4, de dicho periódico, se reproduce el documento titulado El hombre que se alimenta de la revolución, o sea Mr. Poinsett y en el cual se sostiene que ha llegado a México:

 

Nuestra revolución, fecunda en sucesos que distaran de los cálculos más bien combinados, no presentó fenómeno tan singular como el adormecimiento que ha causado a nuestras autoridades esa yerba de mal agüero, la que para nuestra desgracia brotaron los Estados Unidos del Norte, la que no pudiendo tener cabida en la Francia, en Chile, se mandó a esparcir su infernal tócigo [sic.] en las regiones septentrionales de la tierra de Colón, dignas de mejor suerte, la Poinsettina [sobrenombre con el cual los periodistas aludían al personaje debido a sus preferencias sexuales] ha causado nuestros males y ha logrado encender la tea de la discordia entre los pacíficos mexicanos […]
Desde entonces enviaron a estos países a Poinsett para que fomentase la insurrección con el objeto de hacernos sus confederados. Vedlo si no en la orden circular que el virrey Venegas libró a las intendencias de provincias en solicitud de este agente. Dice así: <<[…] más verosímil es que estas medidas tengan por objeto apoyar la revolución de las provincias internas y de ese virreinato, para hacer presa de él y reunirlo a esta confederación, que es el proyecto favorito de este gobierno […]>>
Ved aquí, mexicanos, el hombre que ha querido figurar entre nosotros; ved al autor de la gran logia Yorkina, según su propia confesión, que destinado a revolucionar, ha hecho muchos prosélitos, y pretende que seamos la irrisión del mundo civilizado […] La confederación angloamericana piensa mantenernos en continua pugna para que cansados imploremos su auxilio y vayamos a contribuir a su engrandecimiento.
Guardad, supremos poderes, todas cuantas consideraciones se deban al gabinete de Washington; pero pedidle enérgicamente que releve a Poinsett del encargo que le diera, o despedidlo vosotros si queréis que tengamos paz, unión, amistad: en una palabra, si hemos de ser independientes y felices, no debe vivir entre nosotros ese extranjero que tanto nos deshonra.

 

Correo de la Federación Mexicana


El virrey Venegas informaba al gobierno novohispano en su carta del 3 de abril de 1812, que Don Luis de Onís (representante plenipotenciario de Nueva España en E. U.) le había enterado a su vez que un agente secreto del gobierno estadounidense llamado Joel R. Poinsett había sido enviado a Nueva España para que apoyara la revolución de independencia con el objeto de promover la anexión de este país a la Confederación Angloamericana. Y, como puede leerse en el citado periódico, se habla abiertamente de ello y de las acciones del tósigo agente. A quien se quería fuera de México.


No es novedad que la historia de Estados Unidos ha sido la historia de los agentes secretos, mismos que le han servido para promover revoluciones, guerras, anexiones y al menos división política en los países sobre los que tuvo o aún tiene interés dicha potencia.


Tampoco es novedad que en México y Chile este agente secreto haya tenido algún tipo de injerencia –mayor o menor, pero injerencia al fin- sobre las revoluciones de independencia y sobre la fundación de logias como la del Gran Rito del York en México, tendiente precisamente a sembrar ideas políticas proyanquis. 



La razón por la cual recurro a fuentes hemerográficas de aquella época en que sucedió la intromisión de Poinsett, se debe a que pretendo mostrar con los relatos o testimonios que quedaron registrados en la prensa, datos y hechos sobre los cuales a veces no existen otro tipo de documentos que prueben lo dicho por algunos voceros de la historia. Las fuentes periodísticas de esa época, como cualquier otra, tienen su sesgo ideológico, pero, frente a hechos contundentes, sus opiniones convergen y nos arrojan luz sobre estos.


La novedad en todo esto es que los Estados Unidos ya no necesitan actualmente desplazar y enviar a sus agentes al extranjero para conseguir sus objetivos. Hoy existen quienes, sin necesidad de ser agentes, funcionan como tales a través de los sistemas de comunicación, como son la televisión de paga, internet, drones, las aplicaciones de la inteligencia artificial, etc., para espiar a los países que son del interés intervencionista del gobierno de Washington.


Porque es indudable que aquellas acciones políticas que tienden a favorecer al gobierno estadounidense son llevadas a cabo por quienes, sin decir, pero haciendo, refuerzan su política interna y externa al actuar a través de agentes digitales, como espías, bots, redes secretas de comunicación, etc.; tal y como lo denuncia una publicación cubana llamada Cuba Debate, que habla incluso de ciberataques o ciberguerras; o la publicación de CNN en español que denuncia las nuevas formas de espionaje: globos, hackers, infiltrados; o la BBC News que también denuncia que los Estados Unidos espían a través de varios medios.[2]





Un país que nació de la migración, de las guerras y las intervenciones, continúa ahora con métodos modernos “guerreando”. En Estados Unidos siempre ha existido, además del proyecto imperialista de expansión territorial y comercial, un plan de dominación que abarca los más diversos y exquisitos métodos de penetración política.



Permítaseme citar dos ejemplos históricos, además del caso de Poinsett.

Continuando con el mismo tema y reflexionando acerca del destino manifiesto que E. U. proyectó para sí y dictó como antítesis para México, expongo algunos datos acerca del papel determinante que han tenido Joel R. Poinsett y otros dos personajes en el curso de la historia mexicana, curiosamente también de nombre Robert; ellos son Robert J. Walker y Robert Lansing.



 Robert J. Walker Robert Lansing.



Joel Roberts Poinsett llegó oficialmente a México en 1825 como representante diplomático de los Estados Unidos ante el gobierno mexicano (aunque como ya decía yo estuvo aquí “secretamente” desde varios años antes y luego en misión oficial durante el Imperio de Iturbide en 1822).


Al salir de su país le fueron dadas instrucciones precisas: considerar a México como una primera potencia de América (de la América hispana, claro) debido a su riqueza en mano de obra, posición geográfica y recursos. El otorgar este “honor” o “distinción” a México y determinar su destino para que en lo sucesivo se comportara como el hermano mayor de Latinoamérica, tenía como objetivo poner a cada país de la región en su sitio –en el sitio que E. U. quería para cada uno de éstos.


La tarea de Poinsett como agente secreto fue fructífera para su país, pero como agente diplomático oficial, no tuvo igual. Durante su estancia en México, manifestó abiertamente su interés por fijar una línea fronteriza que marcara como propiedad estadounidense los territorios de Texas, Nuevo México, Alta California y partes de Coahuila, Nuevo León, Sonora y Baja California.[3] 


[3] Ver las comunicaciones de Henry Clay, secretario del gobierno estadounidense, a Poinsett, de los meses marzo y junio de 1825. En las cuales el primero le da a Poinsett las instrucciones precisas para firmar el tratado de límites territoriales. Por supuesto el interés del gobierno de los Estados Unidos en Texas y la parte norte del territorio nacional lo tenía ya desde entonces; ver en Carlos Bosch García, Material para la historia diplomática de México (México y los Estados Unidos, 1820-1848), México: UNAM. Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, 1957.


Poinsett es el prototipo de estadounidense que ya sea como agente secreto o como enviado plenipotenciario acreditado marcará el estilo político de sus sucesores en México y Latinoamérica[4].


[4] Recomendamos leer alguno de los estudios biográficos que existen sobre este personaje. Además de los detalles sobre su marrullería política resulta interesante ver cómo alguien que no fumaba y odiaba a las mujeres mexicanas por tener la costumbre de fumar puro (y también porque según uno de sus biógrafos era un misógino), acaba su vida invadida por la tuberculosis. Recomendamos en especial las biografías de Eduardo Enrique Ríos y de José Iturriaga.


Otro personaje que continuó la labor intrusiva y expansionista de Poinsett en el siglo XIX es el senador Robert J. Walker[5]. Él substituyó a Poinsett –en cuanto a intención expansionista se refiere- durante los años cuarenta del siglo XIX. Y ante el Congreso angloestadounidense se manifestó como un férreo defensor de la “re - anexión” de Texas.


[5] Ver la famosa carta de Walker: Letter of Mr. Walker, of Mississippi, relative to the annexation of Texas: in reply to the call of the people of Carroll County, Kentucky, to communicate his views on that subject, Washington: Printed at the Globe Office, 1844.



En la muy famosa y no menos importante Walker letter, pregonaba la falacia histórica que le permitiría disputar como legítima la propiedad de Texas y, por lo tanto, hablar del proceso de “re - anexión”. En opinión de Walker, Texas no le pertenecía a México sino a los Estados Unidos desde 1803, en que estos compraron la Luisiana, territorio que entonces abarcaba, según Walker, a todo Texas.


Este astuto senador sostenía que la riqueza del territorio texano (flora, fauna, y maderas preciosas, en particular, pese a que una parte era tierra desértica; caballos; búfalos…) bien valía la pena como para incluso arriesgarse no sólo a la guerra con México –a quien el gobierno estadounidense ya se tenía bien medido, militarmente hablando, desde los primeros enfrentamientos armados en Texas de 1835 y 1836 y de quien sabían no podían esperar una gran respuesta armada, pues mientras ellos ponían a prueba sus armas de repetición, los soldados mexicanos sólo contaban, para su defensa, con unos cuantos arcabuces a los que había que alimentar descarga a descarga- sino incluso arriesgarse a la ruptura de la unidad interna de los Estados Unidos debido al apoyo desmedido que el partido pro esclavista del Sur daría a la iniciativa de re - anexión, y en sentido contrario, la fuerte oposición del partido antiesclavista e industrialista del norte.



Si los Estados Unidos no se apropiaron una mayor parte del territorio mexicano en el siglo XIX, se debió precisamente a que la división interna los llevó a enfrascarse en una guerra que frenó los deseos expansionistas sin medida de los estados del sur.


El proyecto de Walker era que la “re - anexión” de Texas se realizaría por algunas de las siguientes vías, según leíamos en la carta anteriormente citada: por un tratado; por un acto del congreso, sin necesidad de un tratado; o por la autoridad reservada a cada estado para extender sus territorios sin la sanción del congreso. Ya sabemos cuál fue el resultado final de este episodio: los esfuerzos de Poinsett y Walker desembocaron en una forzada guerra para México (diríamos más bien invasión), la consecuente firma de los tratados y la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano.


El balance del siglo decimonono para los estadounidenses fue positivo, no así para México, para quien el despliegue de la política “bilateral” estadounidense significó: guerra, invasiones, muerte, persecución, saqueo, pérdida de una inmensa parte de territorio, endeudamiento, etc. Nuestros vecinos en cambio encontraron en América, y en especial en México, territorio, mercados, mano de obra, recursos naturales..., que hasta la fecha siguen usufructuando.



Al terminar el siglo XIX y comenzar el XX apareció otro político no menos rabioso que sus antecesores. También de nombre Robert, como ya decía: Robert Lansing, secretario de Estado de Woodrow Wilson.


Por lo que respecta a Robert Lansing, de quien han sido recordadas -hace algunos años- parte de una de las misivas tan comunes en el intercambio epistolar diplomático estadounidense, que contiene varias ideas de su autor acerca de algunas estrategias reservadas y feroces, que aconseja para desplegar sobre México una política de dominación “sutil” pero efectiva.[6]


[6] Consúltense los cuatro gruesos volúmenes de la obra que publicó también Carlos Bosch García con el nombre de Documentos de la Relación de México con los Estados Unidos, México: UNAM, IIH, 1985. En estos volúmenes se encontrará a detalle cómo a lo largo del siglo XIX, el gobierno estadounidense, giraba instrucciones por escrito, algunas de ellas en clave, para cumplir cabalmente con su política imperialista. Consúltese también la carta que Lansing escribió en 1925.


Antes de reproducir el “curioso” documento permítaseme señalar que son ya varios los personajes mexicanos que han ayudado a cumplir los designios angloamericanos. Y algunos más que ahora mismo se empeñan en comportarse como agentes del gobierno anglosajón.


No hay que hacer gran esfuerzo por recordar los nombres de aquellos quienes han facilitado en los últimos tiempos las condiciones necesarias para que los Estados Unidos emprendieran no solamente la conquista de la industria y el mercado mexicanos, sino que incidieran en el sistema de organización y toma de decisiones políticas. Y digo que no hay que hacer gran esfuerzo por recordarlos porque los tenemos bien ubicados y los conocemos de nombre y apellido, ¿o no es así, apreciable lector? ¿Recordamos al presidente mexicano descendiente de un estadounidense que trabajó para la industria Coca Cola?


Vamos al documento y analicemos su contenido: el secretario de Estado del gobierno de Washington, Robert Lansing, decía en 1915, lo siguiente,


“México es un país extraordinariamente fácil de dominar. Basta controlar a un solo hombre: el presidente.”

No se equivocaba Robert Lansing al emitir este juicio; que continuó siendo vigente, en buena medida, hasta el sexenio que inició en el año 2000 en México, ya que al ser el presidente uno de los pilares sobre los que se sostiene el sistema político y casi la única palanca que permite que en el sistema haya movimiento, es fácil para los estadounidenses visualizar que con sólo dominar al presidente tienen en sus manos la palanca que acciona prácticamente a todo México.


Tal vez la situación ha variado –según se podría pensar puesto que las elecciones del 2000 le dieron el triunfo a un presidente de oposición-, pero, en mi opinión, sólo para empeorar, pues a pesar del avance democrático formal del país, el presidente continuó teniendo grandes poderes aplicados en pro de los intereses de la elite económica que eran los mismos que los de sus socios norteños (al servicio de quienes estaban en una de las filiales no sólo de la Coca Cola sino de otras filiales transnacionales).[7]


[7] Consúltese el artículo de Joaquín Herrera “La familia Fox y su historia oculta”, en I Q Magazine, No. 38, marzo de 2002, p.5, mismo donde el autor presenta datos interesantes sobre el abuelo de Vicente Fox, precisamente un estadounidense de nombre Joseph Louis Fox. Así como datos importantes acerca de los intereses económicos de la familia Fox, que están entrelazados con los estadounidenses desde hace casi un siglo.



La estrategia que han seguido los estadounidenses para manipular al poder más grande del sistema político mexicano les funcionó prácticamente hasta 2018 y esa afirmación de Lansing sigue constituyendo parte del ideario de Estados Unidos; pero continuemos con otros dos párrafos contenidos en la mencionada carta:

 

Debemos –sostenía Lansing- abrirles a los jóvenes ambiciosos mexicanos las puertas de nuestras universidades y esforzarnos por educarlos en el modo de vida norteamericano, según nuestros valores y respeto al liderazgo de los Estados Unidos. Con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se adueñarán de la Presidencia. Sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo y dispare un tiro, harán lo que nosotros queramos. [8]

 [8] Carta citada por Federico Campbell en La Jornada del 29 de noviembre de 2000, p.2 También aparece citada dicha carta en el sitio de internet: http://fotosyletras.icestorm.com en la sección México y su destino.



Esta es otra prueba de los sofisticados métodos de dominación estadounidenses a los que nos referíamos. Si durante el siglo XIX habían ya consolidado su dominación sobre México y el Continente Americano a través de la expansión territorial, extracción de recursos, obtención de mano de obra, endeudamiento, etc. Ahora sólo les quedaba utilizar la mejor arma ideológica para obtener la sumisión: la educación.



Es poco probable que la hegemonía sobre México la tengan, después del año 2018, con sólo controlar al presidente, porque con una figura del tamaño político que tiene Andrés Manuel López Obrador ya no será posible; pero lo que sí es un hecho es que hay nuevas generaciones de políticos que estudiaron y se “formaron” en las universidades estadounidenses que en efecto como preveía Lansing se colocaron en la estructura del sistema político mexicano. Incluso ya tuvimos como presidente a un joven mexicano que se formó en alguna universidad de los Estados Unidos.


Creo que no hace falta que escriba yo su nombre pues usted apreciable lector sabe a quién me refiero. Y los demás que se han educado in the american way of life también los conoció usted como miembros del gabinetazo.


No nos extrañe pues que miembros del gabinetazo se hayan comportado como lo hiciera el canciller Jorge Castañeda Gutman; quien se permitió ejercer sus cargos de manera frívola, despótica y agresiva, según dan cuenta, por ejemplo, los testigos que al interior de la Secretaría de Relaciones Exteriores lo padecieron durante el gobierno foxista.[9]  Debido a que creían que esa “superioridad” que decían tener se las había dado el hecho de haber estudiado en universidades gringas. Y como dijo José M. Muriá en 2017:

 

Dos décadas después, habiendo pasado por tres presidentes bien adiestrados en prominentes universidades estadunidenses y otro por la Coca Cola, que debe ser más eficiente en este sentido, podemos empezar a sospechar que la profecía de Lansing se está cumpliendo.[10] 

 


[9] Léase el artículo de José Vilchis Guerrero, “Frivolidad, agresiones y nepotismo en la SRE de Castañeda Gutman”, en FORUM, No. 110 de abril de 2002, p.2, donde el autor presenta testimonios y pruebas acerca de la manera en que el canciller se condujo hacia sus colaboradores y acerca de los viejos métodos priistas que empleó para designar a los embajadores, desoyendo las peticiones de los miembros del servicio exterior a quienes legítimamente les correspondía su promoción por parte de dicha Secretaría.


[10] José M. Muriá. “La profecía mexicana de Robert Lansing, en La Jornada, sábado 1 de abril de 2017 https://www.jornada.com.mx/2017/04/01/opinion/012a1pol [Recuperado: 9 de septiembre de 2023]

Por fortuna, el destino de México parece haber cambiado a ese respecto a partir del 2018. Y al menos por estos años -2018 a 2023- esa generación de tecnócratas al servicio de los intereses estadounidenses, está descansando y no gobierna más en México.

 

 

 

FUENTES DE INFORMACIÓN

 

Bosch García, Carlos. Documentos de la Relación de México con los Estados Unidos, México: UNAM, IIH, 1985.

 

Bosch García, Carlos. Material para la historia diplomática de México (México y los Estados Unidos, 1820-1848), México: UNAM. Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, 1957.

 

Campbell, Federico. La Jornada del 29 de noviembre de 2000.

 

Carta en el sitio de internet: http://fotosyletras.icestorm.com en la sección México y su destino.

 

Herrera, Joaquín. “La familia Fox y su historia oculta”, en I Q Magazine, No. 38, marzo de 2002.

 

Letter of Mr. Walker, of Mississippi, relative to the annexation of Texas: in reply to the call of the people of Carroll County, Kentucky, to communicate his views on that subject, Washington: Printed at the Globe Office, 1844.

 

Vilchis Guerrero, José. “Frivolidad, agresiones y nepotismo en la SRE de Castañeda Gutman”, en FORUM, No. 110 de abril de 2002.  

Muriá, José M. “La profecía mexicana de Robert Lansing, en La Jornada, sábado 1 de abril de 2017 https://www.jornada.com.mx/2017/04/01/opinion/012a1pol [Recuperado: 9 de septiembre de 2023].

 

La aurora de Chile del 2 de marzo de 1812. En

 

Revista de historia americana y argentina. Mendoza: Universidad Nacional de Cuyo, 1962-1963, en:

 

 

 

 

 


 










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