• Ramón Arturo Sánchez Delgado

Cacicazgos en la Sierra Tarahumara



Ejido de Cusaráre: la iglesia


Introducción


Para comenzar con el desarrollo de una investigación, todo autor se encuentra con que no hay muchas obras que traten específicamente sobre el tema del “caciquismo”, pero sí existe buen número de ensayos que forman parte de capítulos o secciones de libros, artículos, archivos (de instituciones de gobierno), tesis y otros escritos.


Después de revisar alguna bibliografía, uno encuentra que el tema del caciquismo se define más claramente dentro del contexto general de “la cuestión agraria en México”, cuyos expositores han sido principalmente los llamados clásicos: Armando Bartra, Roger Bartra y Luisa Paré, con sus respectivas obras, así como Fernando Salmerón Castro, Raymond Buve, Guillermo de la Peña y otros más.


Al plantear el presente ensayo como problema de investigación, surgen algunas preguntas importantes que habrán de abordarse en el proceso de su desarrollo: ¿Existen los cacicazgos en la Sierra Tarahumara? ¿Cómo se han configurado? ¿Qué tipos de cacicazgos son objeto de investigación?


Se trata de analizar desde el punto de vista de la antropología social la manera cómo se han configurado los cacicazgos en la Sierra Tarahumara. Y al respecto podemos plantear algunas ideas a manera de simples hipótesis:


1. La Sierra Tarahumara, región intercultural con una gran riqueza forestal, ha sido escenario de cacicazgos que se han erigido con base a las condiciones peculiares del campo mexicano y su campesinado.


2. Los cacicazgos que se han dado en la Sierra Tarahumara únicamente se pueden entender a partir de las formas en que ahí se han desarrollado las relaciones interétnicas entre indígenas y mestizos.


3. Se han dado casos muy particulares o singulares de cacicazgos como el del Ejido de Cusárare, caracterizado por su acento cultural, paternalista y marcadamente local.

Tal parece que son las condiciones que se han dado a través del tiempo para que se propicie el surgimiento de caciques regionales o de poblados, aunque existen autores como Buve (2003) que hablan también de caciques en el medio urbano. Y Armando Bartra señala que el movimiento campesino se intensifica a partir de 1972 y va convirtiéndose paulatinamente en movimiento nacional. Señala que la agitación campesina por la tierra está justificada, ya que existen numerosos latifundios y acaparamientos fuera de ley, además de que el trámite agrario ha sido históricamente corrupto, burocrático y anti campesino.


Por otra parte, existen poco más de 2.5 millones de campesinos sin tierra propia, muchos de los cuales trabajan temporalmente la parcela familiar o cultivan tierras en aparcería, pero que dependen fundamentalmente del jornal. [1] Las cifras que presenta Armando Bartra no varían mucho de las que nos proporciona Arturo Warman, de fechas más recientes en su estudio sobre el campo mexicano.


[1] A. Bartra. Apuntes sobre la Cuestión Campesina, México: Universidad de Yucatán, 1978, pp. 5,13,14.



Cusárare: vivienda indígena


Entre la quinta y la cuarta parte de los mexicanos de fin de este siglo, un poco más de 6.3 millones trabajan en las actividades agropecuarias conforme al Sistema de Cuentas Nacionales 1988 – 1996. La mayoría lo hace en la agricultura, que ocupa a 85% del total. 12% se dedica a la ganadería y 3% a la silvicultura y pesca.[2]

[2] Arturo Warman. El Campo Mexicano en el Siglo XX, México: Fondo de Cultura Económica, 2001, pp. 22,23.


El problema en el campo según Armando Bartra es que en México sólo parte de los campesinos tienen pequeñas parcelas mientras que la mayoría de los trabajadores del campo carecen de tierras propias; en cambio, una minoría de grandes y medianos propietarios posee grandes extensiones, cuenta con las tierras de mejor calidad y se hace rica sin trabajar.


Luego el mismo autor relaciona los problemas del campo con la presencia de caciques que predominan en determinadas regiones.


De mil maneras los ricos del campo controlan el poder y someten a los campesinos por vía de hecho mediante el cacicazgo o formalmente a través de imponer a sus incondicionales en las presidencias municipales o en el gobierno estatal mediante la influencia ideológica de tipo paternalista y el chantaje económico, o mediante la violencia de sus guardias blancas.[3]


[3] A. Bartra, Ibid., p. 77.


Roger Bartra presenta igualmente el desarrollo histórico del problema campesino a partir de 1970, aunque hace alusión en varias ocasiones a la década anterior. A diferencia de otros autores, R. Bartra se refiere explícitamente a la relación entre el problema indígena y el caciquismo:


Al examinar los restos de formas de poder político tradicional de origen prehispánico por lo general llegamos a un fenómeno común que caracteriza la integración política de las comunidades indígenas al Estado nacional (…) Este fenómeno se presenta bajo dos formas básicas:


a) Bajo la modalidad del llamado caciquismo.


b) Bajo la forma de una articulación de los mecanismos administrativos oficiales nacionales con las pautas de organización indígena. [4]


[4] R. Bartra, Campesinado y Poder Político en México, México: Ediciones Era, 1982. P.87.



Kumírachi, lugar de reunión



Según R. Bartra las dos modalidades no se excluyen, sino que se observa en las diferentes regiones el predominio de una u otra forma. El sistema de cacicazgo tiende a mantener a los indígenas aislados, dentro de un marco de relaciones sociales “tradicionales”, debido a que la comunicación política es monopolizada por los caciques, quienes de esta manera aseguran un control despótico sobre las comunidades.


Bajo el segundo sistema, el control de la comunidad es màs administrativo que personal. Para R. Bartra, el aparato administrativo oficial con rasgos tradicionales resulta suficiente para mantener el orden en situaciones donde dominan las relaciones de explotación modernas y capitalistas. Aquí la función de los intermediarios no es indispensable, o el cacicazgo adquiere formas muy particulares.


La siguiente autora entre los clásicos es Luisa Paré, quien en su estudio sobre el caciquismo y la estructura de poder en la Sierra Norte de Puebla (Paré, 1999) se refiere a las características de la acción del caciquismo posrevolucionario, resultado de la Revolución y la acción del partido político engendrado por la misma. Se trata, no del caciquismo del tiempo de Porfirio Díaz, sino del surgimiento de un nuevo estilo de caciquismo.


Para Paré, en el campo mexicano se dan distintos modos de producción, --capitalista y no capitalista-, los que coexisten en una misma estructura, para que el modo capitalista pueda subordinar al otro, se hace necesaria la intermediación de ciertos personajes:


En situaciones de articulación de distintos modos de producción se presenta la necesidad histórica de intermediarios Políticos entre la clase dominante del modo de producción dominante y los grupos del modo de producción dominado…


Cuando hablamos del caciquismo mexicano del siglo XX, o neocaciquismo si se quiere, nos referimos a este proceso de intermediación política que requiere la implantación del capitalismo en un medio no capitalista. [5]


[5] Luisa Paré, “Caciquismo y estructura de poder en la Sierra Norte de Puebla”, en Roger Bartra et Al., Caciquismo y poder político en el México rural, México: Siglo XXI, 9ª. Ed., 1999, p. 37.


Paré se refiere a la forma de control político en zonas rurales, donde el poder tradicional, basado en la representación de intereses colectivos, o sea, los de una comunidad, tiende a desintegrarse, a individualizarse, a favor de una persona o grupo de personas que son los principales agentes de la penetración capitalista en el seno de la comunidad.


Profesor Velasquillo, Traumara


Según el punto de vista de Luisa Paré, el caciquismo se reviste de un matiz económico y político porque la necesidad de una penetración capitalista en la comunidad deriva de un control político de los líderes naturales, los cuales aprenden el proceso de la acumulación. Luego, los caciques pueden ocupar puestos políticos en el partido en el poder o en el sistema administrativo.


En las zonas indígenas las relaciones de explotación entre asalariados y patrones se disfrazan en relaciones de tipo colonial o interétnicas, donde los explotados son los indígenas y los explotadores los mestizos, pero entre los indígenas, cuando alguno de ellos se convierte en explotador, el carácter de la explotación se oculta y estos indígenas se sirven de las instituciones para afirmar su posición.


Guillermo de la Peña nos explica más claramente el papel del mediador o broker del cacique, según la concepción que nos legó Eric Wolf desde hace ya algún tiempo en su texto Aspects of Group Relations (1956).


Uno de los primeros autores en abordar analíticamente el problema de la mediación fue el ya citado Eric Wolf (1956), cuando propuso el concepto broker para examinar las relaciones entre lo que él llamaba el nivel de la comunidad y el nivel de la nación. Broker puede traducirse como intermediario, tratante, corredor y aun coyote, pero por comodidad quizá conviene provisionalmente mantener el término en inglés. (De la Peña, 1986: 32, 33).[6]


[6] Guillermo de la Peña, “Poder local, poder regional: perspectivas socioantropológicas” en Padua N. Jorge y Alain Vanneph, Poder local, Poder regional, México: El Colegio de México- CEMCA, 1986. Pp. 27 – 56.


Para Wolf, el bróker mira en dos direcciones: No suprime los conflictos por completo, pues entonces dejaría de ser útil, pero media entre ellos. Ahora bien, la actividad mediadora del bróker variará según éste se mueve o no entre diferentes niveles de articulación. Pero su acción será posible mientras no se dé una acumulación total del poder en una de las partes, pues de lo contrario la mediación sería innecesaria, la existencia y proliferación de caciques –intermediarios- indican que ni la burguesía ni el Estado han logrado una alta centralización de poder.


Margot Heras (1996), señala que desde el tiempo de la llegada de los españoles a lo que hoy es el territorio del Estado de Chihuahua, éste se encontraba ocupado por varios grupos a los cuales llamaron naciones, entre los que se encontraban los tarahumaras, que se autodenominaban rarámuri.


Margarita Baquetero, se opuso al cacicazgo en Cusaráre




Al parecer la forma de organización rarámuri se fundaba en relaciones recíprocas teniendo como base el parentesco y contaban con un cacique o principal, así identificado por los españoles, mas no aparece el nombre que los rarámuris le daban, ni datos acerca de su organización política y forma de elección. Dichos caciques o principales gobernaban una jurisdicción geográfica que comprendía una o varias rancherías en asentamientos dispersos y no existía un solo gobierno para todo el grupo rarámuri.[7]


[7] Margot Heras, “Tarahumaras” en Etnografía contemporánea de los pueblos indios de México. Noroeste, México: Instituto Nacional Indigenista, 1996: 407, 408.


Otro autor que trata del caciquismo entre los tarahumaras, en la conquista y el período colonial, es el alemán Thomas Hillerkuss, quien considera que el sentimiento de solidaridad dentro de los grupos de parentesco era más importante que la forma de asentamiento, pues ésta debía ser muy flexible con tal de adaptarse a las condiciones del medio ambiente.


Se agrupaban en torno a un líder o dirigente, sin abandonar una región, aún con las migraciones:


Más que nada se orientaban en torno a una persona con influencia y autoridad, llamado “cacique” en español. Los documentos más antiguos incluyen ejemplos a partir y hasta más de 50 personas por cacique, a las que todavía podían sumarse un mismo número de tarahumaras que veían en el cacique un líder temporal o de largo plazo, sin estar emparentados con él.[8]


[8] Thomas Hillerkuss, “Ecología, economía y orden social de los tarahumaras en la época prehispánica y colonial” en Estudios de historia novohispana, México: UNAM, 12, 1992, p.30.


Hillerkuss encuentra en documentos de la segunda mitad del siglo XVII, que el status del cacique podía transferirse a sus propios descendientes, que, por lo regular, eran casi exclusivamente varones. Sin embargo, la decisión final en cuanto a la sucesión era tomada por el grupo en cuestión. Por último, para Hillerkuss, este principio de que los grupos de parentesco se congregaran en torno a sus líderes resultó decisivo en la organización de los dos levantamientos de tarahumaras durante los años de 1690 – 1691 y l696 – 1698.


Pedro Vega, se opuso al cacicazgo en Cusaráre



Otro autor, Gilbert M, Joseph, en su trabajo sobre el caciquismo, amplía un poco más el significado del término “cacique”, al considerar que dicho término es una corrupción de la palabra arawk-caribeña kassequa, que entró en el vocabulario español durante el primer contacto que tuvo con el Nuevo Mundo, y en primera instancia, sencillamente se refería a los jefes indios locales. Más tarde este término se difundió en España y en América y se amplió para significar “el que manda”, cualquier hombre fuerte regional, sin importar su raza.[9]


[9] (1) Gilbert M, Joseph, “El Caciquismo y la revolución: Carrillo Puerto en Yucatán” en D. A. Brading (Comp.), Caudillos y Campesinos en la revolución mexicana. México: Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 244.


Para el caso de los caciques que se han dado en el campo mexicano, y particularmente en la Sierra Tarahumara, considero que se aplicarían los dos primeros modos de poder que expone Wolf (Erick) en su estudio.


El primero porque el líder natural de una comunidad se caracteriza por su aptitud, o don de gentes en el juego de poder, con el cual se gana la simpatía y confianza de la gente que se sitúa alrededor de él, y el segundo, porque tiene la habilidad para imponer el cambio en la acción social y en las relaciones interpersonales, es decir, puede conducir a una comunidad a tomar las decisiones que más convengan a la misma y en ocasiones siguiendo otros intereses o también intereses personales. Insisto en que el poder del cacique en una comunidad es informal y se fundamenta principalmente en las relaciones de parentesco, de amistad y compadrazgo.


Con más razón cuando la familia es numerosa, y en los pueblos luego se nota que muchos de los integrantes son familiares, y la mayoría de ellos apoya al cacique, mientras que éste se apropia cada vez más del poder político para dirigirlos.


Un ejemplo marcado de caciquismo en la Sierra Tarahumara


Las condiciones sociales, económicas y políticas de las que hemos hablado en los puntos anteriores fueron propicias para que surgieran cacicazgos en muchas partes de la sierra, pues la misma no se vio ajena a la existencia de caciques en diversas regiones, ya sea abarcando algún municipio, o en casos más concretos a algún ejido.


En mayo de 2004 los medios de información locales dieron a conocer con amplia cobertura el caso de dos indígenas tarahumaras que ya tenían un año con tres meses de encarcelamiento injusto en el Cereso de Chihuahua. Se trata de Isidro Baldenegro López y Hermenegildo Rivas Castillo, residentes en el ejido de Coloradas de la Virgen, en el municipio de Guadalupe y Calvo. Ambos fueron aprehendidos por la policía judicial del Estado, con la acusación de posesión de armas de uso exclusivo del ejército, así como de una bolsa con semillas de marihuana.


Esta situación siempre fue negada por los rarámuris. La atención que se dio al caso por periodistas de los diarios locales dio por resultado que los dos rarámuris atribuyeran el hecho de su detención a Artemio Fontes Lugo, un mestizo a quien identifican como el cacique de Coloradas de la Virgen, donde es temido y se tiene que hacer lo que él dice.


El caso también reveló una larga lucha de más de veinte años por parte de los indígenas que defienden el bosque contra la tala inmoderada. Le atribuyen al cacique la responsabilidad del asesinato del padre de Isidro Baldenegro, Julio Baldenegro Peña, muerto a balazos en septiembre de 1986, por liderear a los indígenas de Coloradas de la Virgen que exigían el reparto de utilidades por el aprovechamiento forestal. Como agregado de toda esta información existen antecedentes en archivo del mal comportamiento de la familia Fontes en el ejido mencionado.




Adolfo Zafiro, ejerció el cacicazgo en se opuso al cacicazgo en Cusaráre






Referencias Bibliográficas


  1. Bartra, Armando. Apuntes sobre la Cuestión Campesina, México: Universidad de Yucatàn,1978.

  2. Bartra, Roger. Campesinado y Poder Político en México, México: Ediciones Era, 1982.

  3. De la Peña, Guillermo, “Poder local, poder regional: perspectivas socio antropológicas” en Padua N. Jorge y Alain Vanneph, Poder Local, Poder Regional, México: El Colegio de México – CEMCA, 1986.

  4. Heras, Margot. “Tarahumaras” en Etnografía contemporánea de los pueblos indios de México – Noroeste, México: Instituto Nacional Indigenista, 1996.

  5. Hillerkuss, Thomas. “Ecología, economía y orden social de los tarahumaras en la época prehispánica y colonial” en Estudios de historia novohispana, México: UNAM, 12, 1992.

  6. Joseph, Gilbert M. “El caciquismo y la revolución: Carrillo Puerto en Yucatán” en D.A. Brading (Comp.), Caudillos y Campesinos en la revolución mexicana. México: Fondo de Cultura Económica, 1985.

  7. Paré, Luisa. “Caciquismo y estructura de poder en la Sierra Norte de Puebla” en Roger Bartra et Al., Caciquismo y Poder Político en el México Rural, México: Siglo XXI, 9ª. Ed., 1999.

  8. Warman, Arturo. El Campo Mexicano en el Siglo XX, México: Fondo de Cultura Económica, 2001.