Fragmento de investigación: Guerra contra el narcotráfico

Como parte de la investigación que realicé para obtener el grado de Licenciada, y que lleva por título La militarización de la guerra contra el narcotráfico en el sexenio de Felipe Calderón, se desprende este fragmento que trata uno de los temas más polémicos y complejos de definir: Seguridad Nacional.

Lo que encontré a lo largo de mi investigación, es que la idea de Seguridad Nacional, tiene su origen  en los conceptos de soberanía y razón de estado.

 

Los nacionalismos son los encargados de dar paso al potente concepto de Seguridad Nacional. Por medio del proyecto de nación, se dará rumbo al país y se marcarán los objetivos que se pretendan alcanzar.

En el caso de Estados Unidos, la concepción de Seguridad Nacional, implica poder “intervenir”, “dirigir”,  en el nuevo orden mundial y, sobre todo,  en establecer cuáles son las amenazas que se deben combatir y erradicar. Entre estas amenazas se encuentra el narcotráfico.

 

También expongo la importancia del papel que juega el discurso político, ya que después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, se replantea  la agenda de Seguridad  en Estados Unidos y la creación de un nuevo concepto: el narcoterrorismo. Esto implicó que todos los gobiernos del mundo, incluyendo México, modificaran sus agendas y a los enemigos a combatir.

 

Seguridad Nacional:

lo difícil de la

definición.

 

Con la creciente necesidad de dar paso a un nuevo mecanismo que dejara atrás las viejas instituciones de la edad media y se vislumbrara una nueva forma de gobierno, se concibe la creación del Estado y, con la conformación de éste, el monarca se verá en la necesidad de encontrar nuevas formas de institucionalizar su dominación.

 

Por este motivo, los gobernantes requerían encontrar la razón del Estado en donde la soberanía sería la clave de la existencia del Estado moderno “la soberanía no es sólo absoluta y perpetua, sino indivisible, inalienable e imprescriptible.”[1]

 

[1] CURZIO, Leonardo. La seguridad nacional de México y la relación con Estados Unidos. 1ª. Ed. México: UNAM, 2007. p. 57.

La soberanía le proporcionó al Estado la legitimidad para existir pero, como lo explica Leonardo Curzio, era necesario otro elemento ya que se “carece de un elemento cardinal que guíe y legitime su acción (el Estado)”[2] dando nacimiento a la razón de Estado.

[2] Ibíd., p.58.

 

La razón de Estado son las prácticas del gobierno:

 

           […] Las relaciones de poder en su estado natural se institucionalizan y proyectan cuando se encuentra una fórmula aceptable para la mayoría que edifique los principios constitutivos de una comunidad, es decir, aquéllos que todos los miembros de una sociedad están dispuestos a defender.[3]

[3] Ibídem., p. 59.

 

El autor menciona que, tanto la soberanía como la razón de Estado, fueron adoptadas al nuevo contexto democrático y legal de la era moderna. La soberanía popular no cederá  su independencia frente a otras naciones ni frente a poderes como la iglesia, dando acceso a los nacionalismos  que, con el transcurrir del tiempo, dará paso a la definición de Seguridad Nacional.

 

           […] Una gran parte de los derechos de los pueblos se mezclan en ese crisol de ideología y religión que son los nacionalismos, fundamento ideológico inseparable de la formación de los Estados nacionales, y será la razón de Estado democrático la que sublimará los objetivos y los cristalizará en una idea que legitima las acciones externas del Estado para engendrar una noción más potente: la Seguridad Nacional.[4]

 

[4] Ídem., pp. 59-60.

Otro punto sobresaliente que el analista menciona es la importancia que tiene un proyecto de nación, ya que éste le dará congruencia a lo que un determinado país quiere ser:

 

           […] Es un conjunto de ideas socialmente compartidas que explica a grandes trazos lo que una nación quiere ser. Es, asimismo, la expresión de una voluntad colectiva con pretensiones de duración que define cuatro líneas fundamentales de convivencia: organización política, arreglo social, vitalidad cultural y organización económica.[5]

[5] Ibíd., p.10.

 

Cuando finaliza la segunda guerra mundial, Estados Unidos se apoya en una política económica e ideológica que englobará a todos los países existentes, mientras que su papel sería el de encargarse de encauzar al mundo entero hacía una nueva era, en donde la democracia, los derechos humanos, el cambio climático, entre otros temas, se debían de preservar para la construcción de un mundo mejor. Estados Unidos tenía muy en claro cuál era su proyecto de nación, no por algo son, en la actualidad, la potencia más poderosa del mundo.

Los proyectos nacionales dependen de las circunstancias en las que se desarrolla una nación en un determinado tiempo, y garantizar la obtención de dichos objetivos resulta de suma importancia para la definición de Seguridad Nacional.

 

El proyecto de nación también engloba la preservación del territorio, la población, entre otras cuestiones básicas, así como aspectos que puedan pensarse  que afecte, de alguna forma, las cuestiones de Seguridad Nacional de un país.

 

En la actualidad, el mundo ha cambiado y la introducción de la globalización a la nueva era trajo consigo una restructuración de los conceptos de soberanía ya que, en los nuevos tiempos se tienen preocupaciones en “común” como son: la democracia, el libre mercado, los derechos humanos, dando por hecho que, se tienen que “integrar” los países a través de instituciones como la Unión Europea o en el caso de México, la apertura comercial con el TLC  y en donde se resolverán de manera “conjunta” los problemas surgidos en las naciones.

Con la integración de los países en la dinámica de la globalización y el surgimiento de la agenda de amenazas a la Seguridad Nacional, en donde los problemas que consideren importantes algunos países, no pueden serlo para los otros; estamos en una época  en donde se consideran como amenazas al crimen organizado y al terrorismo, entonces surge la pregunta ¿en dónde queda la idea original de soberanía nacional en un mundo en donde las fronteras se han rebasado y ha dado paso a un mundo interconectado o globalizado?

 

A raíz de los atentados del 11 de Septiembre, perpetrados dentro del territorio norteamericano, se modifica el concepto de Seguridad Nacional, no sólo para Estados Unidos, sino para el resto del mundo, ya que se enfoca a la Seguridad Internacional, en específico, a la amenaza que significa para ellos el terrorismo, a los que se les  pueda considerar como terroristas y constituyan una amenaza, pero sobre todo, a mantener a salvo su frontera que comparte en común con México.

 

Aunque el concepto de Seguridad Nacional tiende a ser muy flexible y estar lleno de debates, debemos de entender, en primer término, qué significa el concepto de seguridad.

En sí, el término es complejo, ya que:

 

           […] Depende de la amenaza, del contexto, de la condición propia, de la posición del enemigo, de las capacidades de uno y otro, etc. (…) el concepto de seguridad incluye la idea de la ausencia de amenazas significativas a la integridad física… (…) la seguridad consiste en el manejo de los riesgos naturales de la actividad humana sin que estos sean deliberadamente aumentados por un agente motivado por la animadversión. [6]       

 

[6] PAYAN, Tony. “La seguridad en la frontera México-Estados Unidos: paradigmas, conceptos, discursos e intereses”. En: HRISTOULAS, Athanasios.  La seguridad de América del Norte reconsiderada. 1ª. Ed. México, ITAM- Miguel Ángel Porrúa editores, 2011, p. 80.

 

Varios autores acotan más el concepto hasta dejarlo en 4 categorías:

  • La Seguridad Nacional.

  • La Seguridad Pública.

  • La Seguridad Fronteriza.

  • La Seguridad Humana.[7]

[7] Ibíd., p. 80-81.

 

Para fines de este trabajo nos enfocaremos a lo que es la Seguridad Nacional, ya que es aquí en donde se involucran varios agentes: las fuerzas militares, el combate al terrorismo y después de los atentados de septiembre 11 al crimen organizado o a los llamados “narcoterroristas.”

Dando paso a la urgencia de que los países aliados tengan como prioridad en sus agendas de seguridad las mismas amenazas que Estados Unidos, las acciones emprendidas para eliminar el problema, y sobre todo, su apoyo en las decisiones que se tomen para erradicarlo.

 

Una de las variadas definiciones de Seguridad Nacional es “se refiere al uso del poder económico, político, diplomático y militar para mantener la integridad del Estado; el objeto referente es el Estado; y el instrumento es, al extremo, la fuerza, principalmente la fuerza militar.”[8]

[8] Ibídem., p.80.

 

Los Estados Unidos se apoyarán en el intercambio de  los mercados mundiales (globalización), en ejercer presión sobre las políticas que considere necesarias implementar en los países “aliados” pero sobre todo, en su poder militar, que será el encargado de proporcionarle la doctrina ideológica con miras a la hegemonización  mundial.

 

Los

enemigos

ficticios.

 

La segunda guerra mundial trajo consecuencias y cambios radicales en el orden mundial, como ya dejamos asentado, ya que se generó la distribución de poder en 2 países: Estados Unidos y la Unión Soviética. Y fue de esta manera, que se elevaron a la categoría de superpotencias.

Otro aspecto importante y sobresaliente a partir de la división de las superpotencias de los demás países fue el surgimiento de la “bipolaridad”.  Se le llamó de esta forma debido  “a la concentración de la fuerza político-militar en solo 2 grandes potencias.”[9] 

[9] OJEDA, Mario.” América Latina ante una nueva agenda internacional”. En: HERRERA, René. El papel de las políticas exteriores en la nueva configuración política de América Latina. México, D.F. El Colegio de México, 1991, p.8.

 

Antes de comenzar la segunda guerra mundial, algunos países como Inglaterra o  Alemania, se distinguieron por poseer capacidades económicas y políticas similares a la de Estados Unidos y la URSS. Lo que definió el auge de las superpotencias fue la inminente ventaja tecnológica de dichos países de las restantes naciones. Con la aparición de armamento más sofisticado, como es el caso de las armas nucleares, se formó “una nueva estructura de poder internacional.

 

Con el lanzamiento de las bombas nucleares a las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en Japón, se da fin a la gran guerra, dando paso a una nueva disputa entre las dos naciones vencedoras que se le conocerá como  “la guerra fría” “la ventaja decisiva que las armas nucleares otorgaron a los Estados Unidos  y a la Unión Soviética aunada al choque de los sistemas ideológicos que sustentaban ambos Estados dio origen a la guerra fría.”[10] 

[10] Ibíd., p. 10.

 

 El surgimiento de dos bloques que dividían al mundo en socialista y occidental propició que, los países se incluyeran en alguna de las facciones, por lo tanto, la estructura política internacional, además de ser bipolar, se volvió rígida.

 

Con el paso del tiempo, la guerra fría, como se le llamó al enfrentamiento económico, político, militar, social, entre Estados Unidos Y la Unión Soviética, fue perdiendo terreno con el consecuente desmoronamiento de los bloques creados a partir de alianzas ideológico-político, dando lugar a la creación de nuevos pactos  surgidos de fines económicos.

 

A pesar de su gran poderío militar, la Unión Soviética perdió voluntad de mantenerse en la competencia política junto a Estados Unidos, y la inexistencia de alguna nación preparada para asumir el gobierno mundial, abrió el camino a Norteamérica para proclamarse como la nueva superpotencia:

 

           […] Japón es hoy líder mundial en materia económica, pero no está preparado aun, ni mental ni moralmente, para asumir un liderazgo político global. La comunidad europea empieza apenas, a pesar de su enorme potencial económico, a desarrollar un mínimo consenso en materia política (…) en virtud de lo anterior, parece que en el corto plazo sólo queda Estados Unidos como único candidato viable al liderazgo mundial.[11]

[11] Ibídem., p. 11.

 

 

Al comienzo de la segunda guerra mundial, el adversario a derrotar eran los “comunistas”, el enemigo que provenía del exterior y del cual se debía de tener precaución, ya que ponía en riesgo la seguridad de su territorio, de su ideología, de sus habitantes y de sus futuros proyectos  hegemónicos.

 

Con el paso del tiempo, en los años sesenta, en la administración del presidente John Kennedy, se introdujo al enemigo interno en la lista de las amenazas a la Seguridad Nacional, ya que los comunistas podrían influir con su ideología a otros países.

La inclusión de las drogas como parte del tema de Seguridad Nacional,  por parte de los Estados Unidos, implicó llevar una serie de medidas para tratar de controlar el problema, ya que, al formar parte de la agenda de Seguridad Nacional significa que es de importancia trascendental para la seguridad de su territorio y de sus habitantes. Estados Unidos ve al enemigo externo en los países productores “de ahí el impulso prioritario a las políticas de destrucción de cultivos de los países exportadores.”[12]

[12] KLARE,  Michael y  KORNBLUH, Peter.  El nuevo intervencionismo: la guerra de baja intensidad durante la década de los ochenta. En su: Contrainsurgencia, proinsurgencia y antiterrorismo en los 80. El arte de la guerra de baja intensidad. Nueva York, Pantheon Books, 1988, p. 11.

 

Y al enemigo interno que en algún momento fue evitar la expansión del comunismo a países tercermundistas, y pasando el tiempo se convirtió en la lucha para controlar el consumo de sustancias ilícitas de sus habitantes.

 

El presidente Ronald Reagan firmó en el año de 1986 el documento llamado National Security Decisión Directive 221 en donde se habla por primera vez del tráfico de drogas como una amenaza para la Seguridad Nacional de Estados Unidos, dándole la entrada para que participe, al Departamento de la Defensa, en asuntos relacionados con las actividades antidrogas, ya que el gobierno estaba preocupado por la gran cantidad de ciudadanos estadounidenses que consumían algún tipo de fármaco ilícito.

El gran interés que existía por parte de Estados Unidos hacia los países exportadores de las sustancias y el querer intervenir de manera importante en la elaboración de las políticas sobre drogas de dichos países, provocó acciones nunca antes vistas por parte del gobierno estadounidense para intervenir e imponer su visión del asunto.

 

La guerra 

de baja

intensidad.

 

  Como parte de una nuera era intervencionista comenzada por Estados Unidos hacia el mundo (en particular América Latina), en la era del presidente Reagan, surge la llamada doctrina de la Guerra de baja Intensidad. Comprende una gran variedad de operaciones politicomilitares, tanto cubiertas como encubiertas:

 

           […] La GBI (guerra de baja intensidad) no solo significa una categoría especializada de lucha armada, sino que también representa una reorientación estratégica de los conceptos dominantes en materia militar, y el compromiso renovado de emplear  la fuerza en el marco de una cruzada global en contra de los gobiernos y movimientos revolucionarios del Tercer mundo.[13]

[13] Ibíd., p. 11.

 

El origen histórico de la GBI se remonta hasta  finalizada la segunda guerra mundial en donde se introducen, por  primera vez, las luchas de baja intensidad. En el año de 1946, con la doctrina Truman, Estados Unidos empezó a elaborar una estrategia contrainsurgente para poder enfrentar a las guerrillas comunistas en Grecia. Al comienzo de la guerra fría, Estados Unidos estaba preocupado por la amenaza que significaba la fuerza Soviética en Europa, así como la introducción de la doctrina comunista en otros países del mundo:

 

           […] El caso de Corea constituyó la primera manifestación del propósito de Washington de librar guerras convencionales durante la era nuclear, pero también constituyó la primera manifestación de la renuncia del pueblo estadounidense a abrazar prolongadas campañas militares de oscuro significado.[14]

[14]Ibídem., p. 18.

Por su parte, el presidente Eisenhower adoptó una estrategia llamada “venganza masiva”, la cual se basaba en la amenaza de un ataque nuclear, que lo condujeran los estadounidenses, y con el cual se previniera las incursiones no nucleares de los soviéticos a Europa o a cualquier otro lugar, pero dicha doctrina, no pudo impedir el surgimiento de guerrillas surgidas en Vietnam, Cuba, Argelia y otros países del tercer mundo.

 

Cuando Kennedy llega al poder, apoyó la doctrina estratégica, en donde se proponía estar en la capacidad de involucrarse en modo simultaneo o en serie tanto en guerras irregulares como en luchas convencionales. Kennedy ordenó, que los militares estadounidenses fueran movilizados para poder participar en la represión en contra de las guerrillas del tercer mundo:

 

           […] La obsesión de Kennedy por la guerra de guerrillas dio origen a la doctrina de la contrainsurgencia, la cual condujo inexorablemente a Estados Unidos hacia las selvas de Indochina. Vietnam se convirtió en el primer “caso experimental” de la habilidad contrainsurgente estadounidense en un campo de batalla real.”[15]

[15] Ídem., p. 21.

Vietnam se convirtió en un gran problema para el gobierno estadounidense, ya que inspiró un fuerte rechazo por parte de la opinión pública a la intervención de los Estados Unidos en el extranjero por la inminente derrota del gobierno norteamericano.

 

A pesar de que se puso en entredicho la doctrina y se redujeron los presupuestos para las fuerzas de operaciones del pentágono, sobrevivió un grupo de oficiales, analistas y políticos pertenecientes al grupo de Seguridad Nacional que se propusieron “restaurar el papel de Estados Unidos como el custodio de un orden hegemónico global.”[16]

[16]Ibíd., p. 23.

 

Más tarde, algunos  integrantes del grupo formaron parte de los asesores del presidente Reagan y cuando éste subió al poder, se les otorgó a los defensores de la doctrina de la GBI una mayor autoridad para llevar sus teorías a la práctica.

 

El fundamento de la doctrina de la guerra de baja intensidad se encuentra en los programas de contrainsurgencia (la integración coordinada de ayuda económica, operaciones psicológicas y medidas de seguridad desarrolladas para Latinoamérica surgida después de la revolución cubana y para Vietnam del sur a principios de los años sesenta).

 

Anteriormente, se le denominaba a esta acción contrainsurgencia, que con el tiempo cambiaría el nombre a guerra de baja intensidad (GBI). El gobierno de Ronald Reagan fue mucho más allá, ya que su gobierno adoptó una política no solamente para suprimir los movimientos revolucionarios que emergieron, sino también los regímenes revolucionarios que llegaron al poder y que fueron considerados, según Estados Unidos, como aliados de la Unión Soviética.

Otro acto importante que marcó el gobierno del  presidente Reagan fue la institucionalización de la GBI entre los funcionarios que se encargaban de la Seguridad Nacional. Siendo la GBI un tema de alta complejidad, se dividió según el concepto que tiene el pentágono del “Espectro de la guerra” en 3 formas:

 

           […] Una división teórica de las luchas armadas en los niveles bajos, mediano y alto dependiendo del grado de fuerza y violencia involucrada. La guerra de guerrillas y otras contiendas desarrolladas por unidades irregulares son clasificadas como guerras de baja intensidad; los enfrentamientos regionales donde se emplean armas modernas (como el conflicto entre Irán e Iraq) son considerados guerras de mediana intensidad, y las conflagraciones globales (como la primera y la segunda guerras mundiales) o las hostilidades en que se utilicen armas nucleares, son identificadas como guerras de alta intensidad.[17]

[17] Ibídem., p.  15.

 

Tomando en cuenta que la GBI es un tema demasiado complejo, en donde también se pueden incluir “operaciones especiales” “actividades especiales” o “guerras no convencionales”, se debe de tener en claro que, es una doctrina cuyo objetivo esencial es el de combatir a la revolución, en donde se otorga apoyo diplomático, económico y militar a un gobierno “que es atacado por fuerzas insurgentes o a una fuerza insurgente que pretende librarse de un gobierno adverso.”[18]

[18] Ídem., p. 16.

 

Originalmente, la GBI solamente estaba pensada para combatir a los movimientos revolucionarios surgidos en los países tercermundistas, pero los tiempos cambian, las necesidades, visiones y  el surgimiento y enriquecimiento de una doctrina expansionista, provocó la “creciente necesidad” de propagar sus amenazas a otras nuevas áreas.

De la guerra de baja

intensidad a la guerra

contra las drogas.

 

Con la derrota de la Unión Soviética y declarado  Estados Unidos como la superpotencia ganadora, las grandes guerras como fueron la primera y la segunda se habían acabado, dando paso a un nuevo tipo de luchas: las GBI, que se propagaban en los países tercermundistas. La problemática que encontraron los analistas en el tema fue que, Estados Unidos debía de estar preparado para enfrentar estas nuevas guerras que se generaban.

 

Surgieron voces a favor de una modificación en el “campo de la orientación estratégica”

           […] La política actual de defensa de los Estados Unidos se está volviendo crecientemente inadecuada ante los cambios de poder en el plano global, y ante las nuevas áreas de peligro situadas fuera de la zona controlada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) (…) Estados Unidos requiere de fuerzas más útiles táctica y estratégicamente que luchen en las GBI que éste país habrá de librar durante los años restantes de esta década y aun después, en cada vez más numerosos puntos del planeta.[19]

[19] KLARE, Michael. El ímpetu intervencionista: la doctrina militar estadounidense de la guerra de baja intensidad. En su: Contrainsurgencia, proinsurgencia y antiterrorismo en los 80.El arte de la guerra de baja intensidad. Nueva York, Pantheon Books , 1988, p. 66.

 

Lo que se debía de trabajar, según los militares estadounidenses, era en el desarrollo de la doctrina de la GBI, por lo tanto, se empezó a generar escritos por parte de los jóvenes militares para enriquecer a la doctrina.

 

Tratar de definir  una doctrina es sumamente polémico, ya que implicaría tomar en cuenta varios aspectos importantes en la conformación ideológica, política o religiosa de una nación. Estados Unidos, y en particular el Departamento de Defensa, define a la doctrina como: “los principios fundamentales según los cuales las fuerzas o los elementos militares guían su acción en apoyo de los objetivos nacionales[20] es decir, son las técnicas que se van a utilizar para poder llevar a cabo los objetivos geopolíticos de los norteamericanos.

[20] Ibíd., p. 68.

 

En tiempos de paz, es posible que se dé una reducción del gasto a las fuerzas armadas, ya que se puede priorizar el gasto a otros sectores de la sociedad, pero la doctrina juega un papel muy importante, ya que ajustando dicha doctrina hacia ciertos sectores con miras expansionistas, el papel de las fuerzas armadas puede ser de suma importancia para concretar dichos fines. 

El pretexto fue el  elevado consumo de drogas por parte de sus habitantes dentro del territorio norteamericano. Esto propició que se tomaran medidas para intervenir en los países exportadores de dichas sustancias (países latinoamericanos), tratando de disminuir el alto número de drogas que ingresaba a su territorio y de esta manera,  incursionar dentro de los países  llamados del tercer mundo. Esta tarea no iba a ser fácil.

 

Para lograr ese fin es importante “ampliar” las amenazas que Estados Unidos consideró necesarias. Al pasar el tiempo se han modificado las distintas formas de conformación de la GBI pero, se pueden identificar seis categorías específicas llamadas “categorías de misión,” en donde entran directamente las fuerzas armadas estadounidenses:

  • Defensa interna en el extranjero.

  • Proinsurgencia.

  • Operaciones contingentes en tiempos de paz.  

  • Antiterrorismo.

  • Operativos antidrogas.

  • Acciones pacificadoras.[21]

    [21] Ibídem., p. 72.

  •  

  • En el año de 1986, con la firma del presidente Reagan, se le dio un papel mucho más sobresaliente a las fuerzas armadas en la lucha contra las drogas:

           […] A principio de los años ochenta, los estadounidenses que proponían una mayor participación militar en la guerra hemisférica contra las drogas abarcaba todo lo ancho del espectro político norteamericano (…) iban desde los demócratas liberales, hasta los republicanos conservadores.[22]

[22] BAGLEY, Bruce. Mitos de la militarización: los militares estadounidenses y la guerra contra las drogas. En: OJEDA, Mario. América Latina ante una nueva agenda internacional. En: HERRERA, René. El papel de las políticas exteriores en la nueva configuración política de América Latina. México, D.F. El Colegio de México, 1991, p. 17.

En un comienzo, las fuerzas armadas tuvieron ciertas restricciones, es decir, se mantuvo regulada la participación militar estadounidense en operaciones en el extranjero y  éstas debían de cumplir con ciertos requisitos:

  • Debían de ser invitadas por el gobierno anfitrión.

  • Serían dirigidas y coordinadas por agencias civiles estadounidense.

  • Su papel estaría limitado a funciones de apoyo.[23]  

    [23]Ibíd., p. 21.

A pesar de las restricciones hechas en un principio, las nuevas tareas implicaban un mayor presupuesto para las fuerzas armadas, y en el año de 1987 se dio el aumento cuando el congreso de Estados Unidos duplicó el presupuesto antinarcóticos.[24]

[24]Ibídem., p. 22.

 

El gobierno estadounidense se frustró, porque no veía una reducción de la producción del tráfico y por ende del consumo dentro de su país, pero sí se podía observar un incremento de la violencia que acompañaba a sus acciones. Llegando a la presidencia, el gobierno de Bush intensificó la acción, en donde presentó una nueva estrategia nacional antinarcóticos el 5 de Septiembre de 1989:

 

           […] Su gobierno apoyó una continua expansión del papel de los militares norteamericanos en la intercepción de estupefacientes, tanto a lo largo de las fronteras de los Estados Unidos como en el exterior, e intensificó las presiones de su país sobre otros gobiernos en el hemisferio para que asignaran un mayor papel a sus fuerzas armadas con el fin de combatir el narcotráfico.[25]

[25]Ídem., p. 31.

Las acciones no se contemplaban dentro del territorio norteamericano, sino para los países que eran los mayores exportadores de drogas para el territorio estadounidense “se autorizó al Pentágono a que contribuyera a planear maniobras de ataque en contra de los laboratorios y las plantas de procesamiento de estupefacientes localizadas en otros países, a que transporte a los agentes civiles estadounidenses y a la policía extranjera durante el cumplimiento de estos operativos, y a que efectúe tareas más expandidas de inteligencia.”[26]

[26]KLARE, Michael, Op. Cit., p. 91.

 

Las acciones emprendidas fueron llevadas a cabo en países como Perú, Bolivia  o Colombia que eran los principales exportadores de cocaína a Norteamérica.

 

México, por su posición territorial frente a los países de América latina y Estados Unidos, en un principio, sirvió como paso para los países latinoamericanos en el transporte de la droga, pero con el paso de tiempo y la reconfiguración de los cárteles tanto mexicanos como colombianos, los mexicanos llegaron a controlar un negocio que en la actualidad, sigue siendo muy rentable, por tal motivo se debían tomar acciones dentro de estos territorios para evitar el crecimiento de las sustancias prohibidas.

 

La reconfiguración de las

amenazas. La nueva agenda

de Seguridad Nacional

en los Estados Unidos.

 

El papel que juega el discurso político es de suma importancia, ya que se puede persuadir a un determinado grupo e influir en sus creencias, intensiones, motivaciones, etc. Los atentados del 11 de septiembre de 2001, provocados en territorio estadounidense, marcaron el inicio para reestructurar la agenda de seguridad de Estados Unidos y la de los gobiernos del mundo, ya que se debieron de replantear sus doctrinas de Seguridad Nacional, y la forma en que están organizados sus sistemas de defensa.  El discurso surgido a partir de estos acontecimientos propiciaron la creación de una nueva definición: el narcoterrorismo.

 

Tiempo después de los atentados del 11 de Septiembre, la atención se centró en los terroristas, pasando a segundo plano el tráfico de drogas de México hacia Estados Unidos, pero muchos intereses y presupuesto estaban en juego y la DEA empezó a asociar al terrorismo con el tráfico de drogas “se empezó a rearmar un discurso con figurantes de una especie de internacional “narcoterroristas” interesada en atacar a Estados Unidos y desestabilizar a los países democráticos.[27]

[27] ASTOGA, Luis. Seguridad, traficantes y militares. El poder y la sombra. 1ª. Ed. México: Tusquets editores, 2007, p. 23.

Antes de estos acontecimientos, los narcotraficantes no eran terroristas ya que el terrorismo lo podían  utilizar como estrategia, pero no era su actividad principal. Dados los acontecimientos sucedidos, las mediadas en la frontera de México con los Estados Unidos se volvieron más rígidas y perjudiciales para el gobierno mexicano, ya que al considerar el tráfico de drogas como una amenaza a la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, implicó que se exigiera  una mayor cooperación por parte del gobierno mexicano de tipo diplomático, policiaco, militar, etc.

 

Como México está a la disposición de las nuevas reglas, y a la percepción impuesta por parte del gobierno estadounidense de que el tráfico de drogas significa una seria amenaza a la seguridad de los países  democráticos, se tuvieron que acatar.

 

Estados unidos le ha apostado más a intervenir, por medio de asesorías o programas para controlar la producción de drogas en los países exportadores o a sancionar lo que ocurra fuera de su territorio, ya que el mayor número de consumidores se encuentran en territorio estadounidense.

 

Además, no se ha observado un incremento de la violencia con relación a las drogas dentro de su territorio, al contrario de los países que exportan la droga hacía territorio norteamericano o los países que sirven de tránsito.

 

También se debe de tomar en cuenta que una gran cantidad de dinero se lava en el territorio estadounidense, por lo tanto, existen grupos de interés que  no aceptarían que sus negocios se vieran afectados, y mientras esto continúe así, los Estados Unidos se sentirán en la gran necesidad de seguir prestando asesoría a los países que lo necesiten, ya que se consideran los encargados de conservar la paz y estabilidad mundial.

 

 

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