• Juliana Castellanos Pedraza

El reto de la construcción democrática en México



La democracia semblanteada y discutida por los griegos[1], ha representado para México un largo y complejo camino, desde su vida independiente.


[1] Meyer, referencia en el video La naturaleza de los sistemas políticos mexicanos, ¿Cómo llegamos aquí?, Coursera, UNAM.


Considerada como centro de atención nacional e internacional, dado el potencial de recursos humanos y naturales con los que cuenta, la república mexicana no ha podido trascender hacia un verdadero sistema político democrático, dada su situación autoritaria que la ha caracterizado por décadas -desde el siglo XIX hasta casi las dos primeras del XXI- gracias al grupo de poder dominante que la ha gobernado.


Sea bajo alguna denominación política liberal o conservadora[2] o bien, por partidos políticos, como el PRI y el PAN[3]; cuyos actores sólo han sacado provecho para sus intereses personales y de grupo y se han olvidado del pueblo, razón esencial de una democracia.


[2] Meyer, explicación contextual, en el video que trata sobre La República Restaurada, ¿Cómo llegamos aquí?, Coursera, UNAM. [3] Senado, Remitirse al estudio Los partidos políticos en México en el proceso de institucionalidad partidaria, México, 2009.


A pesar de este panorama desalentador, cabe referir que desde los años cincuenta del siglo XX, han surgido hechos que se pudieran clarificar como intentos para el asentamiento de una democracia nacional.


El pueblo cansado de las múltiples formas de corrupción e impunidad de un sistema autoritario con resultados trágicos en lo político, social y económico decidió manifestar su inconformidad y el deseo de un cambio de sistema. Al respecto, habría que considerar hechos fundamentales y/o determinantes.


Los movimientos sociales de trabajadores, campesinos, activistas y estudiantes –siendo el de 68, el más emblemático e inspiracional[4]-. Que si bien desafiaron al sistema en turno que desoyó sus demandas, siempre terminaron trágica o represivamente con las alarmantes cifras de muertos, heridos, encarcelados, exiliados o, en el peor de los casos, desaparecidos forzosamente.



[4] Del movimiento estudiantil del 68 se han escrito múltiples textos anecdóticos, filosóficos y referenciales. Cabe referir los de: Luis Spota La Plaza, Elena Poniatowska La noche de Tlatelolco o Carlos Monsiváis Días de Guardar; que dieron cuenta de los días críticos de entonces pero que sembrarían semilla hacia el futuro político del país.


Las elecciones de 1988, en las que por primera vez se denotaba la intención de la izquierda mexicana en la figura de Cuauhtémoc Cárdenas, por llegar al poder y empezar a revertir en algo los graves daños del grupo neoliberal, quiso abrirse al mundo siguiendo fielmente las leyes del capitalismo salvaje que rigen el mercado trasnacional y que terminan por devastar naciones enteras entregando sus mayores recursos y bienes, al mejor postor y sin ningún real beneficio comunitario o social[5].


[5] Gracias a las mal llamadas reformas estructurales, cítense el petróleo y las privatizaciones de sectores tan vulnerables, como la educación, la salud y las pensiones de millones de trabajadores. Situación que por cierto hoy es motivo de escándalo internacional, por los sobornos que la administración de Andrés Manuel López Obrador está sacando a la luz.




El deseo de un cambio de sistema político que se cantó y promovió en diversos sectores de interés, se recuerda al disímbolo Grupo San Ángel que inspirado en otros aires de renovación europea como España o Portugal y algunos países latinoamericanos, pugnaba por una transición democrática, tras el hartazgo hacia el PRI en la presidencia, la más grande institución política nacional.



Aunado a estos hechos, no se debe olvidar en esta construcción algún cambio esperanzador, aunque insuficiente: la ciudadanización del máximo organismo electoral, el Instituto Federal Electoral[6] –hoy INE- con un Tribunal Electoral –Trife-, ahora del Poder Judicial de la Federación para dar validez a los procesos electorales, siempre llenos de sospecha y suspicacia en el sistema autoritario. Además de la creciente participación ciudadana en los comicios que deciden, sobre todo, la presidencia y el congreso federal.


[6] Sobre el IFE y el TEPJF se hay múltiples textos, recomendables resultan los del politólogo y académico César Cancino, 1998-2008.



Por desgracia la llamada transición, quedó en buenas intenciones. No hubo tal porque el viejo régimen autoritario tricolor sólo alternó, es decir cambió de siglas partidarias y figuras. Del PRI al PAN y de Zedillo a Fox y Calderón para regresar a Peña Nieto. No en vano, el periodista Álvaro Delgado Gómez escribió el libro El amasiato que relata las verdaderas intenciones de estos dos partidos políticos, por mantener a toda costa el poder.


Sin embargo sus planes fallaron, las causas y los efectos del sistema autoritario llegaron al límite, se salieron de cauce dadas las evidencias reales de corrupción, impunidad, injusticia, inseguridad, quiebra económica, desigualdad social y reformas estructurales.



Así la desbordada jornada electoral llevó en julio de 2018 al triunfo legítimo del morenista López Obrador, por amplio margen y tras dos intentos fallidos. ¿Habría entonces, la esperanza, de un camino democratizador para el sistema político mexicano?


Hoy con la 4T, la democracia sigue siendo aspiracional, porque en buena parte de las decisiones y las acciones pareciera asomarse o todavía estar arraigado el sistema autoritario. Con tanto vicio político y simulación administrativa heredados. No será fácil construir en tan poco tiempo como ahora se exige, un nuevo sistema. Tiene que haber en cuanto a los tres poderes –el presidencial, el legislativo y el judicial- una gran voluntad y trabajo traducido en hechos eficaces y efectivos, para el efecto. Y en ello, la ciudadanía jugará un papel importante de vigilancia y transparencia, para no repetir la historia.



Otro factor en juego es el papel de los medios de difusión. Los periódicos, la radio, la televisión y la internet; en un sinnúmero de testimonios siguen vendidos al sistema autoritario que los posicionó y mantuvo con recursos económicos y otras prebendas. Pero ya se advierte el intento de otra prensa que investiga, que tiene otra historia que contar, de no ofrecer verdades a medias o las ya tan presentes fake news.


El sector privado y los partidos deberán entender que hay nuevas corresponsabilidades.

En el reto de construcción hacia un sistema político democrático en México, todos los actores deben urgentemente participar por la simple razón de que el país es de todos y que donde hay democracia -aunque inacabada-, hay progreso. ¡Si México está bien en su política interna, estará bien y se reflejará en la externa! No en vano se han rescatado los principios de política exterior, que tanto respeto e imagen, le brindaron a México.